viernes, 11 de enero de 2008

Audio: Serving what is

"I want what is. Because I'm awake enough to see that that is what's best for not only me, but everything..." Download here

Una entrevista con Byron Katie por Sunny Massad

Massad: Sabes ahora lo qué la libertad era antes para ti?

Byron Katie: Sí. ¡La muerte! Eso era. Estaba obsesionada con el suicidio. Creía tener que morirme para ser libre.

SM: Estabas casada? Con niños?

BK: Sí, me casé. Me casé con mi novio de la escuela secundaria. Y tuvimos tres niños. Luego me divorcié. Estuvimos juntos muchos, muchos años. Casados, 14. Y unos años después de divorciarnos, me casé con un hombre con el que todavía estoy casada. Llevamos casi 20 años… y criamos a los niños.

SM: Y cuántos años tienen ahora tus hijos?

BK: 36 y 31 y 29… creo.

SM: Qué hacías? Quiero decir: cómo era tu vida? Trabajas? Tenías a tu cargo tres niños.

BK: Siempre he trabajado. Siempre lo he hecho por cuenta propia. Siempre supe ganar dinero. He sido buena en eso. Después de mi divorcio empecé a sentirme muy muy deprimida… bueno, realmente mucho antes de mi divorcio. Y al poco, no podía salir de mi casa. Me era muy difícil. Y luego, no pude ni salir de mi habitación. Duró 8 o 10 años: la depresión.

SM: Y continuaste trabajando?

BK: Sí. Siempre desde mi habitación. Utilizaba el teléfono. Enviaba a otras personas para que hicieran lo que yo no podía hacer. Mi historia es lo que la gente me ha contado… y gracias que pregunté… [Larga pausa] Sin embargo, y en resumen, terminé en un centro de rehabilitación para adictos y enfermos mentales.

SM: Para ayudarte en tu depression?

BK: Sí. Quería suicidarme. Estaba muy deprimida. Agorafóbica. Paranoica. Muy desesperada. Obsesionada con el suicidio... Muchos años…. Así que me interné allí… las mujeres me tenían tanto miedo que me ubicaron en el ático. Sólo así podía estar allí. Me colocaron en la buhardilla. Y allí dormía en el suelo…
Y una mañana, durmiendo en el suelo, sentí que algo se arrastraba por mi pie y al mirar vi que era una cucaracha. Y abrí mis ojos y…. [pausa] Lo que nació entonces no era yo… y la manera en que puedo contátelo… ella se levantó y empezó a andar… al parecer, habló. Ella estaba encantada. ¡Es realmente extático nacer y no haber nacido! Ves… y los ves todo sin conceptos. ¡Es asombroso!

SM: Veamos… vives en la buhardilla, una cucaracha se arrastra por tu pie ¿y tienes una especie de despertar?

BK: Así es. Bastante aproximado.

SM: ¿La llamarías una “experiencia transcendental mantenida”?

BK: Realmente no le pongo nombre alguno…

SM: Bien, ¿encajaría esa definición si lees cómo es descrita aquí? [le enseño la descripción que hace Maslow de “transcendencia” y luego mi descripción de “transcendencia mantenida”.]

BK: … Diría que sí. Todo. Se transciende a sí misma y al mismo tiempo lo es todo. Lo transciende todo. Es algo así…. Cada momento es así. Es como si tú... [levanta su mano delante de la cara]… es para asombrarse. ¡Simplemente contemplar esta mano es asombroso! Quiero decir… como esa comida [señala la comida] y estoy comiéndomea mí misma. ¡Es tan buena! Quiero decir… cada momento, es en sí el ahora. Pero verlo, has de inmovilizarte con eso. O esto… Y mueres. Te disuelves en ello. Cualquiera puede hacerlo… Simplemente aquietarte absolutamente. Yo lo llamo: “¿quién seríamos sin una historia”. Pero es… lo llamo amor, porque no tengo otra palabra. Pero simplemente ver mi mano delante de mi cara, o mi pie, o la mesa, o algo, es verlo por primera vez. Ésta son las palabras que yo usaría: “Es un privilegio que traciende todo lo que puede decirse”. Es experimentar por ti mismo la mera imagen de uno mismo… nacido [inaudible: enamorado?].

SM: Mmm.

BK: Sí. Ellos me dijeron: “Ëste es tu marido”. Yo dije: “Bueno”… “Éstos son tus niños”. Yo dije: “Bueno”…. “Tu nombre es Katie”….Ok mackey…

SM: ¿Tuviste realmente una desidentificacion? ¿Incluso de la memoria?

BK: De Todo. De Todo. Todo.

SM: ¿Cómo cambio tu comportamiento?

BK: Radicalmente. Radicalmente. Al extremo opuesto. Dio un grio de 180 grados. Totalmente. Un cambio total.

SM: Veamos… algunas cosas prácticas… te pasabas inmensas cantidades de tiempo en la cama, estabas deprimida, y luego, cuando el cambio ocurrió ¿qué?

BK: Nnada.

SM: ¿No te acostabas?

BK: No. Tres horas de sueño y sin comer.

SM: ¿Sabes si soñabas cuando dormías?

BK: Mmmm… es lo mismo que estar despierto. No hay nada de real en ello. Realmente ahí no hay nada.

SM: O sea ¿soñabas, pero reconocías que no era real?

BK: Eso. Es como estar sentada contigo.

SM: Lo que estoy intentando conseguir es…sentada conmigo...

BK: Es un sueño.

SM: Y cuándo tduermes… estoy intentando comprender… ¿es como el meditar, con paz y quietud, o pasan imágenes por tu mente?

BK: ES lo mismo…. Igual que estar sentada aquí contigo. Es todo lo mismo

SM: Así que ves cosas y… ¿hay también sonidos?

BK: Sumamente extraño... Y cielo…. Cielo…. Cielo. Simplemente es como estar aquí contigo.

SM: ¿Sentiste mucha energía? ¿Cómo afectó tu comprtamiento físico?

BK: Nadie me informó de qué estaba pasando. La gente de Barstow… no tienen esos conceptos que quizá tenga la gente que haya aquí esta noche… Lo que solía hacer era lanzarme a la calle. Abría los ojos y simplemente me lanzaba a la calle. Quizá encontraba a alguien… -no era raro- y me dirigía a él y simplemente y de forma natural lo abrazaba… o caminaba a su y le daba la mano y paseábamos. Y a veces se alejaban de mí asustados. Y yo les decía algo así: “¿Por qué finges no conocerme? ¿Por qué simulas no preocuparte por mí? ¿Por qué finges no amarme? ¿Por qué finges no reconocerme?” Y cosas así… Podía ver el miedo en sus ojos, porque Eso empieza a cambiar desde allí… porque Eso soy yo. Tu incomodidad es mi incomodidad. Literalmente. Y de esa manera entraba en los ojos y me salía… y así Eso aprendió cómo es la mirada…
La gente solía llamarme “la señora de la luz” y “la mujer por pasea”… y me iba al desierto y nunca regresaba… porque no existe el perderme. Aprendí que la luz, la luminosidad, iba disminuyendo cada vez más hasta que se parecía a ti. Ni más feliz, ni más triste. La apariencia no es la calidad y ahí es donde es cómoda. Pero la luminosidad no altera los niveles. Sólo lo hace en apariencia. Es como un camaleón. Yo lo llamo “el amor se encuentra con sí mismo”… No le importa dónde, no le preocupa el qué. Sólo lo hace…. Así me encontraba con la gente.

SM: Así pues, ¿te sentías atraída hacia los seres humanos?

BK: Totalmente.

SM: Lo cual era extraño considerando…

BK: El extremo opuesto. Nunca [había sido] me había encantado estar con la gente o cosas así…

SM: ¿Cómo ha cambiado tu relación con tu cuerpo?

BK: Umm… Yo tenía uno… ya no [risas]. Um… Simplemente amor total. Absolutamente…. les solía pedir a mis hijos que mirasen estas manos y estos dedos… como la luz los tocaba y los iluminaba y… a veces le pedíaa simplemente que miraran mi pie o lo que fuera y sse maravillaran… No importaba si era su pie o mi pie… era nuevo, nuevo…. Tarde aproximadamente tres años para empezar a equilibrarme.

SM: ¿Y cómo era tu relación con el cuerpo de tu marido?

BK: Uhhhh… [suspiros.] La primero vez que hicimos el amor fue sencillamente asombroso. ¡Fue algo radical!… porque era Dios con Dios. ¡Y era recibirlo y darlo! ¡Ah! ¡Simplemente asombroso!

SM:¿Cuánto tiempo estuviste en el hospital después de lo de la cucaracha? [Riéndose.]

BK: En Texas me llaman “La Cucaracha”. Ya conoces a la gente… no son “poco amables”… al revés, son honestos…

SM: ¿Cuánto tiempo pasó desde la mañana de la cucaracha hasta que saliste?

BK: ¡Oh! En seguida. Era bastante aterrador… ¡Ellos estaban asustados! Fue más bien como liberarse de mí….

SM: ¿Fuiste medicada?

BK: No. No que yo recuerde. Creo que no.

SM: ¿Has estado alguna vez medicándote?

BK: Premarin… durante 13 años.

SM: Estoy tratando de hacerme a la idea, de si era negro, o blanco, o si hubo un tiempo de preparación y entonces ocurrió el cambio… Porque algo pasó y entonces dejaste el centro, dejaste de estar narcotizada…ya sabes, etc., desesperada, y luego ahora con las drogas… quiero decir, aparentemente. Sé que no puedes acordarte.

BK: Lo que sé es, o mejor: lo que diría es que no puedo recordar si cuando fui ingresada me medicaban o no… En absoluto.

SM: ¡Oh! Para nada. OK. Y ¿cuánto tiempo hace de esto… del evento, me refiero?

BK: 13 años. Creo que 13 años. Sí, en 1986.

SM: Sólo para clarificar… dices que hubo una fase de dormir sólo tres horas por noche y en que apenas comías. ¿Cambió eso?

BK: Sí, fluctuó apareciendo y despareciendo durante aproximadamente tres años.

SM: ¿Cuántas horas duermes ahora?

BK: Cinco, siete...

SM: ¿Has recobrado el apetito?

BK: Sí.

SM: Muchos buscadores aspiran a tener una “experiencia transcendental mantenida”. ¿Puede uno prepararse para una STE?

BK: Si digo, si manifiesto: “Quiero iluminado”, eso implica un futuro. Y no hay ninguno. Y entonces nos apegamos a… uno a uno, a uno a otro… Yo lo llamo “See casan y tienen hijos”. Eso es reencarnación. Empiezas con el… surge el “yo” y si no te das cuenta entonces tienes un bebé, y otro bebé y otro bebé. Es una autogeneración. Es algo celular. [risas]… Es como la división de los átomos… yo lo llamo “desiluminación instantánea”. Pero si te das cuentas, entonces se acaba. Deja de reencarnarse. Y si no te das cuenta, continúa. Y eso es tiempo y espacio y lugar… Es una ilusión. Es Como una ilusión óptica interna.
Sólo hay transcendencia en el momento. Nadie puede transcender para siempre. Por eso digo: “A quién le importa si te iluminas para siempre? ¿Puedes iluminarte ahora mismo, en este instante?”?' Y de eso trata la investigación. Quiero decir, eso es todo… Me refiero a que estamos tan apegados al concepto en que nos vemos envuelto, que realmente… es como una vívida película que implicara en ella un pasado y un futuro… Es sólo un concepto ahora… Sólo es en el momento, el ahora En él no hay ningún punto que divida. No hay nada desde donde puedas diferenciarlo. Es realmente estupendo. Eso, eso tan trascendental es simplemente un principio. Hasta que vuelve por sí misma y lo reclama, la trascendencia es simplemente un principio. Sólo un concepto. Y ése es lo que estabas diciendo. Es un concepto al que la gente aspiran y al que no re-entran. Y no sé por qué la gente no hablan de ello…. Pero la trascendencia… no es nada… Cuando Eso regresa a Sí mismo, la sola imagen de Sí mismo… es intoxicado. No podría contener nada más. Es una cuestión de absoluta codicia.

SM: ¿El qué?

BK: Eso. Lo es todo. Es como acicalarte delante del espejo... Y tú eres eso… y eso… esa belleza… y viejo y joven, alto y bajo, y todas las cosas… y una flor y un árbol… indiviso. Y eso es un principio.

SM: [pregunta Inaudible.]

BK: Sí, ni historia, ni sufrimiento. Ningún apego a la historia, ni sufrimiento. No sé que es eso de una “experiencia trascendental mantenida”. Sólo sé que en 13 años, no he visto un solo problema real. Y no me he encontrado con nadie ni nada que yo creyera que tenía que cambia. Para mí todo es alegría. Y yo lo soy todo. Si esp es lo que es una “experiencia trascendental mantenida”, no me sorprende que la gente vaya tras ella… aunque siempre, siempre, sea evidente.

SM: Um… Volvamos a eso de que no tenías palabra ni conceptos… supongo que nunca habías leído ningún libro sobre todas esas cosas [de las que estamos hablando] …¿es eso correcto?

BK: No, nunca.

SM: ¿Pasaste nunca por una fase de miedo, como describe Suzanne Segal?

BK: Suzanne Segal era amiga mía y lo mío no guarda relación alguna con nada de lo que ella decía…

SM: Primero, durante 10 años tuviste el miedo, y entonces, cuando aconteció tu cambio…

BK: Como U.G… se parece a lo suyo. A lo de Suzanne, nada. Ella solía llamarme y yo hallaba relación alguna de lo suyo con lo mío.

SM: ¿Puede alguien que tiene una “experiencia trascendental mantenida” saber si otro está en una?

BK: No. Yo veo a todo el mundo despierto, sea lo que sea esto. Veo a todo el mundo transparente.

SM: Pero, cuando hablan de su historia…

BK: Me doy cuenta de que creen no serlo. Y veo que el simple hecho de que cuenten sus historias me de muestra que no es así. El hecho de que sufren por ellas me revela que lo saben perfectamente… Yo le preguntaba a la gente: “¿Por qué fingís no saber?”

SM: ¿Dirías entonces que Suzanne fingía saber?

BK: No. No, no diría eso. Simplemente lo mío es completamente diferente de todo lo que ella dice...

SM: Ella describía la desidentification diciendo que ella se hallaba localizó a la izquierda de su cuerpo. ¿Tienes tú esa experiencia?

BK: No.

SM: ¿Sabes si U.G. tiene “una experiencia trascendental mantenida”?

BK: Él se acerca a mi experiencia. Es el único que conozco con el que lo mío guarda alguna relación.

SM: El describe su cambio como una calamidad… Me refiero a que tiende a retratar lo bueno, lo malo y lo feo.

BK: ¿Ves? Ahí es donde U.G. y yo tenemos una experiencia diferente. Yo no experimenté una calamidad. Yo experimento lo contrario. El pensamiento de que “yo existo” era la calamidad. Y lo contrario a eso es realmente maravilloso desde aquí donde estoy.

SM: Si yo fuera una día a despertar y tener alguna clase de experiencia trascendental, ¿cómo lo reconocería?

BK: No lo reconoces… Ni siquiera te importe. No hay nadie a quien le importe… No puedo ponerlo en palabras… ¿amor a uno mismo?… sería una suposición. Las palabras siempre quedarán cortas… lo cual es una delicia…

SM: ¿Me sentiría conectada físicamente con mi cuerpo?

BK: No.

SM: ¿Dónde me sentiría localizada?

BK: En todas partes. En todas partes donde miraras…

SM: ¿Sería entonces mi consciencia mayor que esa localización?

BK: Sí. Y en ella, cuando conduzco un automóvil, todo va hacia mí... Acaba ahí. Yo soy el principio y el final de todo.

SM: ¿Conduces?

BK: … tuvieron que enseñarme a no conducir por las aceras… me resultaba lógico que si el tráfico se detenía, simplemente había que ir por ahí… Así que tienes que aprenderlo todo de nuevo.

SM: ¿Has leído durante los últimos 10 años?

BK: No. no es que no lo haga, o no quiera… es… que no exise el tiempo. Es… um…, le digo sí a todo y un libro no habla. Si quisera leerlo, simplemente lo cogería y lo haría.

SM: ¿Empezaste a enrenderlo así instantánea o gradualmente?

BK: Honestamente he de confesar que fue la gente la que tuvo que decirme que sucedía algo... Y lo que vi fue su historia... Desde aquí no cambió nada. Me daba cuenta de que, en su opinión, había algo diferente. Y eso se ha mantenido estos 13 últimos años. No veo absolutamente ninguna diferencia entre tú y yo exceptuando que vosotros, quienquiera que seáis, humanos… insistís en que hay algo auténtico…

SM: ¿Por qué la gente tiene tanto miedo?

BK: Veamos… ¿dónde estarías sin tu historia?

SM: Muchos dirían, pensarían que muertos.

BK: De acuerdo… ésa es mi experiencia.

SM: Aunque estás viva.

BK: Según tú…. Limitándolo a tu historia.

SM: O sea, que si la historia desaparece...

BK: Nada.

SM: ¿No eres nada?

BK: Ésa es mi experiencia.

SM: ¿Y sabes por qué la mente tiene miedo de no ser nada?

BK: Bien… eso es, es la muerte. Realmente, lo es. Es paz. Y la anhela.

SM: Y, no obstante, se siente aterrada… o algo se siente aterrado.

BK: Sí. Un cambio físico radical… Me adelgacé 90 kilos… mi marido sentía miedo por mí… yo estaba muy delgada… fue un… fenómeno asombroso. Y mi lengua… si comía cualquier producto animal, mi lengua empezaba a sangrar… Y así descubrí que tenía que comer vegetariano… ni siquiera lácteos… Eso cambió y ahora ya no es así… Pero empezaba a sangrar y tendía que tamponarla con un pañuelo…. Pero simplemente fue una etapa…
…No sé… si pudiera describir mi alegría, como algo físico, haría estallar en pedazos el techo de este lugar... Es algo así... Pero siempre es obsesivo… y no obstante, lleno de alegría. Así que el fenómeno se detuvo aproximadamente a los tres años y a los siete empezó a madurar. Empezó a madurar… Y eso fue el principio. Simplemente un principio. Parecía como si la densidad fuera enorme que no pudiera contener esa liviandad. Por eso digo que de ninguna manera puede decir que haya acabado... Y ni siquiera he empezado… Me refiero a que soy como un cachorrillo… Es infinito.

SM: ¿Crees que los cambios ocurridos en tu comportamiento son los mismos que ocurrirían inevitablemente en el comportamiento de otro?

BK: Sí,… felicidad. Haciendo lo que sea… eso es bueno. Ésta es su felicidad propia. Y sabe cómo vivir así porque eso es lo que es. Y se desborda….

SM: ¿Qué te hace decir esto?

BK: Una proyección.

SM: ¿Hay alguien, vivo o muerto, que creas que experimenta o haya experimentado una trascendencia mantenida?

BK: Todo el mundo… Pero nadie lo dice.

SM: ¿Están relacionadas las “experiencias trascendentales mantenidas” con el cambio global, la paz mundial, o con algo más importante que la transformación personal?

BK: Estoy absolutamente dedicada a la paz mundial. Yo soy el mundo. Y, claro, quisiera que todo mi ser indicara ese ese lugar de fiesta en mi interior… Yo proporciono una manera, una camino hacia casa y ellos lo siguen o no lo siguen. Así debe ser.

SM: gracias.

BK: Eres bienvenida. Si tuviera que pedirte algo, te pediría que no escribieses nada y eso reflejaría más la verdad… Y si crees que escribir puede servir de algo, escribe lo que quieras.

El despertar de Byron katie

Menos de dos semanas después de que ingresara en el centro, mi vida cambió completamente. Lo que sigue es un relato muy aproximado…

Una mañana me desperté... Había estado durmiendo, como de costumbre, en el suelo. La noche anterior no había pasado nada especial… Acababa de abrir los ojos, pero veía sin conceptos, sin pensamientos, sin una historia interior. No había ningún yo. Era como si algo hubiera despertado…. Ello abrió los ojos. Estaba mirando a través de los ojos de Katie. Y era reciente, claro, era nuevo; nunca había existido ahí antes. Todo era irreconocible. ¡Y resultaba encantador! La risa manó de las profundidades y simplemente se vertió afuera. Eso respiró y era extático. Estaba intoxicado de alegría; lo codiciaba todo. No estaba separado de nada, nada le era inaceptable. Todo estaba en sí mismo. Por primera vez experimenté –ello experimentó– el amor a su propia vida. ¡Yo –ello estaba asombrada!

Intentando ser lo más exacta posible, estoy usando la palabra “ello” para esa maravillosa y amorosa presenciación en la que no había ni yo ni mundo y en la que todo estaba incluido. No hay otra manera de decir lo completamente nueva y fresca que era esa presenciación. No había ningún yo observando a “ello”. Sólo había “ello” E incluso el darme cuenta de ese “ello” fue posterior.

Déjame explicártelo de una manera diferente… Apareció un pie… una cucaracha se arrastraba por él. Ello abrió los ojos y había algo en el pie… o apareció algo en el pie y entonces ello abrió los ojos… Desconozco la secuencia porque en ello no había tiempo. De manera que, ralentizándolo, fue así: ello abrió los ojos, miró el pie y vio que una cucaracha se arrastraba por el tobillo… y ¡ello estaba despierto! Nació. Y desde aquel momento, está observando…. Pero no había ni sujeto ni objeto. Era , es, todo lo que vio. No hay separación en él, en ninguna parte.

Toda mi rabia, todos los pensamientos que me habían estado preocupando, mi mundo entero, el mundo entero, había desaparecido… Lo único que había era presenciación. El pie y la cucaracha no estaban fuera de mí; no había nada exterior a mí o dentro de mí. Todo era yo. ¡Y sentía un gran deleite, un deleite absoluto! Nada había y existía un mundo entero: las paredes y el suelo y el techo y la luz y el cuerpo, todo rebosante…. Pero sólo lo que podía ver: ni más, ni menos.

Entonces ello se levantó y ello estaba asombrando. No había pensamiento alguno, ningún plan. Simplemente se levantó y se dirigió al baño. Caminó directamente hacia un espejo y miró los ojos de su propio reflejo… y comprendió. Y era aun más profundo que el deleite que antes había conocido. Se enamoró del ser del espejo. Era como si la mujer y la presenciación de la mujer se hubieran unido permanentemente. Sólo había ojos y un sentido de inmensidad absoluta, sin conocimiento alguno. Era como si yo –ella– hubiera sido atravesada por una descarga eléctrica. Era como Dios dándose vida a sí mismo través del cuerpo de la mujer… un Dios amoroso, luminoso, inmenso… y, sin embargo, ella sabía que ello era ella. Estableció un profundo contacto a través de sus ojos. No contenía ningún significado; sólo un reconocimiento anónimo que la consumía.

Amor es la mejor palabra que puedo encontrar para ello. Había estado escindido y ahora se había unido. Se movió y entonces, ello, en el espejo se unió tan rápidamente como se había separado. Era todo ojos. Los ojos en el espejo eran sus ojos. Y volvía atrás de nuevo, tan pronto como se encontraba… Y eso le dio su identidad… lo que yo llamo “amor”. Mientras ello miraba en el espejo, los ojos -su profundidad- era lo único real, lo único que existía. Antes de eso, nada. Ni ojos, ni nada. Aún estando ahí, no había nada. Y entonces los ojos salieron para darle a ello lo que es. La gente pone nombre a las cosas -una pared, un techo, un pie, una mano-, pero ello no tenía ningún nombre para esas cosas, porque es indivisible. Y es invisible. Incluso los ojos. Hasta los ojos. Recuerdo lágrimas de gratitud deslizándose por las mejillas mientras ello contemplaba su propio reflejo. Estuvo ahí mirando fijamente no sé cuánto tiempo.

Éstos fueron los primeros momentos después de que yo nací, o ello como yo. No quedaba nada de Katie. No quedaba literalmente ni una brizna de recuerdos suyos. Ni pasado, ni futuro, ni siquiera un presente. Y en esa apertura, una inmenso gozo. Sentí: “No hay nada más dulce que esto”. “No hay nada más que esto. Si te quisieras incluso más de lo que te puedes imaginar, te darías esto. Una cara. Una mano. La respiración. Pero eso no es suficiente. Una pared. Un techo. Una ventana. Una cama. Las bombillas. ¡Ooh! ¡Y esto también! ¡Y esto también! ¡Y esto también!”

Todos esto tuvo lugar más allá del tiempo. Pero cuando lo pongo en palabras, tengo que desandar y rellenarlo. Mientras estaba tendida en el suelo, comprendí que cuando estaba dormida, antes de la cucaracha o del pie, antes de cualquier pensamiento, antes de cualquier mundo, no hay nada. En ese momento, nacieron las cuatro preguntas de El Trabajo. Comprendí que ningún pensamiento es verdad. Toda la indagación estaba contenida en esa comprensión. Fue como cerrar una verja y oír el clic al cerrarse. No era yo quién despertó: la indagación despertó. Las dos polaridades: izquierda y derecha, algo o nada, despertó. Ambos lados eran iguales. Lo comprendí en el primer momento de no-tiempo.

Lo diré otra vez: mientras yacía en la presenciación, como presenciación, surgió el pensamiento: es un pie. E inmediatamente vi que no era verdad… y eso fue puro gozo… Vi que era todo iba hacia atrás. No es un pie; no es una cucaracha. No era verdad… y no obstante, había un pie, había una cucaracha. Ello abrió los ojos y vio un pie y una cucaracha arrastrándose por el pie. Pero no había ningún nombre para estas cosas. No había ninguna palabra especial para “pie” o “cucaracha” o “pared” o lo que fuera... Se miraba a sí mismo, a su cuerpo, sin ponerle nombre. Nada había separado de ello, nada estaba fuera de ello. Vibraba de vida y gozo y era una experiencia ininterrumpida. Separar esa totalidad y ver algo como fuera de sí mismo, no era verdad. El pie existía, aunque no era una cosa separada. Y llamarlo “pie” o lo que fuera era percibido como una mentira. Era absurdo. Y la risa siguió manando de mí. Vi que “cucaracha” y “pie” son nombres para el gozo, porque no hay ningún nombre para lo que aparece como real ahora. Éste fue el nacimiento de la presenciación: el pensamiento reflejándose como sí mismo, viéndose a sí mismo como todo, rodeado por el inmenso mar de su propia risa.

Cuando intento explicar cómo nació El Trabajo en ese instante de realización, puedo analizar ese instante, ralentizarlo y decirte que sucedió así... Pero esto es colocar en el tiempo un momento que ni siquiera fue un momento... En ese no-tiempo, todo era conocido y visto como “nada”. Ello vio un pie… y supo que no era un pie y amó lo que era… La primera y segunda de las cuatro preguntas son como el mecanismo ralentizador de la experiencia. “¿Es un pie? ¿Es eso cierto? ¿Puedo decir con absoluta certeza que es cierto? No”. ¿A qué se parecía antes de que el pensamiento de.”es un pie” apareciera, antes de que surgiera el mundo del “pie”? Nada.

Entonces aparece la tercera pregunta: “¿Cómo reacciono cuando me creo ese pensamiento?” Fui consciente de que siempre surge una contracción, de que cuando me creo cualquier pensamiento creo un mundo aparte de mí, un objeto que está aparentemente “allí afuera”. Y que esa contracción es una forma de sufrimiento...

Y la cuarta: “¿Quién sería sin ese pensamiento?” Sería anterior al pensamiento, estaría –soy- paz, en un gozo absoluto.

Y entonces la inversión:: es un pie/no es un pie. Realmente, las cuatro preguntas estaban presentes en la primera. “¿Es eso cierto?” y todo fue liberado en el momento en que se planteó la primera pregunta. La segunda, tercera y cuarta pregunta se hallaban implícitas en la indagación de la experiencia. No había palabra para ninguna de las preguntas. No eran explícitas, ni pensadas, ni experimentadas en el tiempo, pero sí eran presentes como posibilidades cuando contemplaba mi experiencia luego y trataba de volverla comprensible para la gente.

Con la cuarta pregunta el círculo está completo. Y luego, la inversión es la conexión con tierra, la re-entrada: “No hay nada/hay algo”. De esta manera la gente encuentra un apoyo para no sentir el terror de no ser nada, de no tener identidad. La inversión les sostiene hasta que les resulta un lugar cómodo. Y se dan cuenta de que el “no haber ningún lugar adonde ir” es realmente donde ya están.

Byron Katie

Byron Kathleen Reid, una empresaria y madre que vive en el alto desierto del sur de California, sufrió una severa depresión después de cumplir los treinta años. Durante un periodo de diez años, su depresión se agudizó y Katie (como le dicen) se pasó cerca de dos años casi incapaz de salir de su cama y obsesionada con la idea del suicidio. De repente una mañana, desde las profundidades de la desesperación, experimentó una revelación que cambió su vida. Katie percibió que cuando pensaba que algo debería ser diferente de cómo era (“Mi marido debería quererme más,” “Mis hijos deberían apreciarme,”) ella sufría, y que cuando no creía en estos pensamientos, se sentía en paz. Comprendió que lo que causaba su depresión no era el mundo alrededor suyo, sino las creencias que ella tenía respecto a ese mundo. En un repentino despertar interior, Katie vio que nuestro esfuerzo por encontrar la felicidad estaba enrevesado: en vez de intentar cambiar el mundo para ajustarlo a nuestros pensamientos de cómo “debería” ser, podemos cuestionar estos pensamientos y, mediante el encuentro con la realidad como es, experimentar una libertad y un gozo inimaginables. Katie desarrolló un método sencillo y sin embargo poderoso de indagación, llamado The Work, que rendía practicable esta transformación. Como resultado, una mujer deprimida y con tendencias suicidas se llenó de amor por todo lo que la vida le aporta.

Esta revelación de Katie coincide con las últimas investigaciones de la psicología cognitiva, y The Work se ha comparado al diálogo socrático, las enseñanzas budistas y los programas de doce pasos. Sin embargo, Katie desarrolló su propio método sin conocimiento alguno de religión ni psicología. The Work se basa totalmente en la experiencia directa de una mujer respecto a cómo se crea el sufrimiento y cómo se le pone fin. Es asombrosamente sencillo, accesible a personas de todas las edades y procedencias, y no requiere más que pluma, papel y una mente abierta. Katie comprendió desde un principio que aportar a las personas sus respuestas o percepciones era de poco valor; en vez de eso, les ofrece un proceso mediante el cual las personas pueden encontrar sus propias respuestas.

Las primeras personas que se sometieron a The Work reportaron que había transformado su vida, y al poco tiempo Katie comenzó a recibir invitaciones para enseñar este proceso al público en general. Desde 1986 ha presentado The Work ante cientos de miles de personas en más de treinta países alrededor del mundo. Además de eventos públicos, ha presentado su Trabajo a corporaciones, universidades, escuelas, iglesias, prisiones y hospitales. El gozo y sentido de humor de Katie inmediatamente desarman a la gente, y las revelaciones profundas y los descubrimientos que experimentan los participantes redundan en eventos emocionantes (siempre se proveen pañuelos desechables).

Desde 1998, Katie ha dirigido La Escuela para The Work, un currículo de nueve días de ejercicios que se ofrece varias veces al año en diferentes localidades. La Escuela está aprobada como proveedor de créditos para unidades de educación continuada, y muchos psicólogos, consejeros, y terapeutas reportan que The Work se ha integrado como parte importante de sus prácticas. Katie también dirige una Limpia Mental de Año Nuevo: un programa de cinco días de cuestionamiento continuo que tiene lugar al sur de California al final de diciembre, y ofrece intensivos de fin de semana o “mini-escuelas” en ciudades principales. También existen cintas de audio y video de Katie facilitando The Work sobre una amplia gama de temas (sexo, dinero, el cuerpo, la crianza de los hijos) que están a la disposición de quien quiera tanto en sus eventos como en su página web.

En marzo de 2002, Crown Harmony (traducción, editorial Urano, 2002) publicó el primer libro de Katie, Amar lo Que es:: cuatro preguntas que pueden cambiar tu vida, cuyo co-autor, Stephen Mitchell es un reconocido autor y traductor. Amar lo que es ya ha sido traducido a 16 idiomas.

Lo que es, es

Únicamente sufrimos cuando creemos un pensamiento que está en desacuerdo con lo que es. Cuando la mente está perfectamente clara, lo que es, es lo que queremos. Si quieres que la realidad sea diferente de lo que es, podrías intentar enseñarle a ladrar a un gato y obtendrías el mismo resultado. Puedes intentarlo una y otra vez, y al final, el gato te mirará y volverá a decir: «Miau». Desear que la realidad sea diferente de lo que es, es un deseo imposible de satisfacer. Y aun así, si prestas atención> advertirás que tienes pensamientos de este tipo docenas de veces al día: «La gente debería ser más amable», «Debería enseñarse a los niños a comportarse bien», «Mis vecinos deberían cuidar mejor su césped», «La cola del supermercado debería avanzar más deprisa», «Mi mujer (o mi marido) debería estar de acuerdo conmigo», «Debería estar más delgada (o ser más guapa o tener más éxito)». Estos pensamientos constituyen distintas maneras de querer que la realidad sea diferente de lo que es. Si te parece que esto suena deprimente, estás en lo cierto. Toda la tensión que sentimos se origina en nuestras discusiones con lo que es. Personas aún no familiarizadas con The Work me dicen a menudo: «Pero si renunciase a mi discusión con la realidad perdería parte de mi poder. Si simplemente acepto la realidad, seré pasiva. Quizás incluso pierda el deseo de actuar». Yo les contesto con una pregunta: «¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad?». «Ojalá no hubiese perdido mi trabajo» o «He perdido mi trabajo; ¿qué puedo hacer ahora?»: ¿Qué es lo que te da más poder?

The Work revela que lo que piensas que no debería haber sucedido sí debería haber sucedido. Debería haber sucedido porque así fue y ningún pensamiento del mundo puede cambiarlo. Eso no quiere decir que lo toleres ni que lo apruebes. Sólo significa que eres capaz de ver las cosas sin resistencia y sin la confusión de tu lucha interior. Nadie quiere que sus hijos enfermen, nadie quiere ser víctima de un accidente de coche; pero cuando estas cosas ocurren, ¿de qué forma podría ayudar discutir mentalmente con ellas? Sabemos que no tiene sentido, y sin embargo, lo hacemos porque no sabemos cómo dejar de hacerlo.

Soy una amante de lo que es, no porque sea una persona espiritual, sino porque, cuando discuto con la realidad, sufro. Podemos saber que la realidad está bien tal como es porque, cuando discutimos con ella, sentimos tensión y frustración. No nos sentimos normales ni equilibrados. Cuando dejamos de oponernos a la realidad, la acción se convierte en algo sencillo, fluido, amable y seguro.

Ocúpate de tus propios asuntos

Sólo puedo encontrar tres tipos de asuntos en el universo: los míos, los tuyos y los de Dios. (Para mí, la palabra Dios significa «realidad». La realidad es Dios, porque gobierna. Todo lo que escapa a mi control, al tuyo y al de cualquier otra persona es lo que yo denomino «los asuntos de Dios».) Buena parte de nuestras tensiones proviene de vivir mentalmente fuera de nuestros asuntos. Cuando pienso: «Necesitas encontrar un trabajo, quiero que seas feliz, deberías ser puntual, necesitas cuidar mejor de ti mismo», me estoy inmiscuyendo en tus asuntos. Cuando me preocupo por los terremotos, las inundaciones, la guerra o la fecha de mi muerte, me estoy inmiscuyendo en los asuntos de Dios. Si mentalmente estoy metida en tus asuntos o en los de Dios, el efecto es la separación. Fui consciente de esto hace tiempo, en 1986. Cuando, por ejemplo> me inmiscuía mentalmente en los asuntos de mi madre con pensamientos del tipo: «Mi madre debería comprenderme», experimentaba de inmediato un sentimiento de soledad. Y comprendí que siempre que me he sentido herida o sola, he estado inmiscuida en los asuntos de otra persona.

Si tú estás viviendo tu vida y yo estoy viviendo mentalmente tu vida, ¿quién está aquí viviendo la mía? Los dos estamos ahí. Ocuparme mentalmente de tus asuntos me impide estar presente en 3 los míos. Me separo de mí misma y me pregunto por qué razón mi vida no funciona. Pensar que yo sé lo que es mejor para los demás es estar fuera de mis asuntos. Incluso en nombre del amor, es pura arrogancia y el resultado es la tensión, la ansiedad y el miedo. ¿Sé lo que es adecuado para mí? Ese es mi único asunto. Permíteme trabajar en eso antes de tratar de resolver tus problemas por ti.



Si comprendes los tres tipos de asuntos lo bastante para ocuparte de los tuyos propios, este conocimiento puede liberar tu vida de una manera que ni siquiera eres capaz de imaginar. La próxima vez que sientas tensión o incomodidad, pregúntate de quién son los asuntos en los que te ocupas mentalmente, ¡y quizás estalles en carcajadas! Esa pregunta puede devolverte a ti mismo. Tal vez llegues a descubrir que, en realidad, nunca has estado presente y que te has pasado toda la vida viviendo mentalmente en los asuntos de otras personas. Y si practicas durante un tiempo, quizá descubras que en realidad no tienes ningún asunto y que tu vida funciona perfectamente por sí misma

Enfréntate a tus pensamientos con Comprensión

Un pensamiento resulta inofensivo a menos que nos lo creamos. No son nuestros pensamientos,

sino nuestro apego a ellos, lo que origina nuestro sufrimiento. Apegarse a un pensamiento significa creer que es verdad sin indagar en él. Una creencia es un pensamiento al que hemos estado apegados, a menudo durante años. La mayoría de la gente cree que «es» lo que sus pensamientos dicen que es. Un día advertí que no estaba respirando: me estaban respirando. Entonces también advertí, con gran sorpresa, que no estaba pensando: que, en realidad, estaba siendo pensada y que pensar no es personal. ¿Te despiertas por la mañana y te dices: «Creo que hoy no voy a pensar»? Es demasiado tarde: ¡ya estás pensando! Los pensamientos sencillamente aparecen. Provienen de la nada y vuelven a la nada, como nubes que se mueven a través de un cielo vacío. Están de paso, no han venido para quedarse. No son perjudiciales hasta que nos apegamos a ellos como si fueran verdad. Nadie ha sido capaz, jamás, de controlar su pensamiento, aunque la gente cuente la historia de cómo lo ha conseguido. No dejo que mis pensamientos se marchen: me enfrento a ellos con comprensión. Son ellos los que me dejan marcharme a mí.

Los pensamientos son como la brisa o las hojas en los árboles o las gotas de lluvia que caen. Aparecen del mismo modo, y a través de la indagación, podemos entablar amistad con ellos. ¿Discutirías con una gota de lluvia? Las gotas de lluvia no son personales, como tampoco lo son los pensamientos. Una vez que te has enfrentado a un concepto doloroso con comprensión, la próxima vez que aparezca quizá te resulte interesante. Lo que solía ser una pesadilla ahora es sólo algo interesante. La siguiente vez que aparezca, tal vez te resulte divertido. Y la siguiente vez, quizá ni siquiera lo adviertas. Este es el poder de amar lo que es.